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La Glorieta de las Mujeres que Luchan


Foto: Sashenka Gutiérrez


La Glorieta de las Mujeres que Luchan está ubicada en la avenida Reforma en la Ciudad de México, es un espacio público habitado y reconstruido por mujeres de todo el país y el mundo. Antes era la Glorieta de Colón, pero ahora es un símbolo de lucha y resistencia que por primera vez reivindica las luchas de las mujeres mexicanas, pero sobre todo a las mujeres que luchan. Cuenta con bellos jardines llenos de historias escritas y decoradas sobre estructuras metálicas, están sembrados memoriales como la cruz rosa gigante que evoca a las mujeres víctimas de feminicidios. En las vallas centrales están escritos miles de nombres de mujeres que luchan y al centro de la Glorieta, en lugar de Colón, está la figura de una mujer, gruesa y niña, con el puño izquierdo en alto, se llama: Justicia.


Desde el año pasado, 2022, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum inició una campaña para colocar en la Glorieta un monumento de origen prehispánico llamado La joven de Amajac, que, de acuerdo con la arqueóloga María Eugenia Maldonado Vite, representa a una mujer joven de élite “posiblemente gobernante por su postura y atavíos”.


El argumento toral de la jefa de Gobierno es que hará justicia a las mujeres indígenas víctimas de la colonización. Esto ha propiciado que las mujeres que luchan defiendan la Glorieta, la interrogante permanente es: ¿de dónde salió un discurso que no existía en octubre de 2020, cuando era inminente que colectivos derribarían a Colón y para evitarlo la misma jefa ordenó quitar la estatua con el único argumento de que la repararían?


En la Glorieta de las mujeres que luchan coincidimos mujeres indígenas, como nosotras, las mazatecas por la libertad de Eloxochitlán de Flores Magón, Oaxaca, quienes llegamos a la ciudad de México desde el 26 de mayo de 2021 a exigir libertad y justicia para nuestras familias, mujeres y hombres que sufren y sufrieron criminalización selectiva y prisión política. A la fecha nos mantenemos en esa exigencia. Nos hemos sumado a la defensa de la Glorieta porque ese espacio no es compatible con la imposición de un proyecto oficial. Las mujeres indígenas que luchamos jamás seremos reivindicadas en piedra sino con justicia porque nuestras historias están vivas.


Para nosotras, las historias de las mujeres que luchan son la mejor defensa de la Glorieta: Mamá Lulú Mejía, dijo: “Traemos el corazón abierto, sangrante” porque nos asesinaron a nuestras hijas, las desaparecieron, ejecutaron a nuestros hijos, los desaparecieron, nos quemaron con ácido, nos despojaron, nos desplazaron, nos encarcelaron sin cometer delito alguno, nos violentaron.


Las historias también son declaratorias para cambiar el país, desde abajo, como lo dijo María Herrera: “Buscamos tanto en vida como debajo de la tierra y además buscamos después de arrastrar este terrible dolor, ser promotoras de la Paz… Estamos aquí porque no queremos dejar a nuestras futuras generaciones este México destruido”.


Las mujeres de la Glorieta podemos ser de cualquier origen y geografía, pero todas nos identificamos plenamente porque llevamos huellas de dolor y de injusticia, porque resistimos y luchamos, y pese a ello, tenemos tatuada la esperanza, esta empatía hace que apenas al conocernos ya nos llamemos hermanas.


Nuestra hermana Sony dijo:


“En la Glorieta encontré el abrazo que ninguna institución me dio, el consuelo que ninguna institución me dio, el amor que ninguna institución me dio”.

Por eso la Glorieta es de las mujeres que luchan. Si el gobierno de la Ciudad de México desea reivindicar a las mujeres lo debe hacer nombrando y reconociendo plenamente a la Glorieta de las Mujeres que Luchan, pero jamás imponiendo un proyecto oficial dentro de un espacio de memoria y protesta continua.


¡Vivan las mujeres que luchan!

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